Santa Ana recibe una gran devoción por parte de los naturales de Cañamaque. El apego personal en muchos casos es superior incluso al que se le tiene a la parroquia. No es de extrañar pues que Santa Ana fuera una de las advocaciones a las que se dirigía el pueblo de Cañamaque con rogativas pidiendo lluvias en tiempos de sequía. La otra era la Virgen de la Vega en Serón. En su sacristía se pudieron ver durante muchos años diferentes exvotos (muletas, manos o pies de cera, trenzas de pelo etc) que los fieles entregaban en petición de favores a la santa.
LA ERMITA
La ermita de Santa Ana se encuentra a unos 200-300 metros al norte de las estribaciones del pueblo en una zona de eras.
Hoy su estado de conservación es excelente pero no siempre fue así. La primera referencia que tenemos de ella es del año 1739[1] señalándose que en el pueblo sólo existe esa ermita y que su estado es decente. Sin embargo, no era del todo cierto ya que en 1758 se cita además de Santa Ana, la ermita de San Antón (afirmándose que ambas estaban decentes). No podía ser muy cierto lo de esta última pues en 1789 de nuevo sólo se nombra a Santa Ana[2]. Para aquella época de finales del siglo XVIII la ermita de San Antón, ubicada en el punto cumbrero de las Eras Altas en la cima de un cerro al cierzo de Carra Torlengua, debía estar semiderruida. Todavía se observa perfectamente su pequeña planta a pesar de que no haya rastro de piedra alguna. Y no es de extrañar, puesto que estas piedras fueron reutilizadas para reparar la ermita de Santa Ana, y también la reforma del camposanto.
Algunos estarán pensando: ¿pero, bueno, y Santa Bárbara qué? Sencillo, no existía. A pesar de que se ha convertido en un símbolo de Cañamaque, Santa Bárbara no se construye hasta principios del siglo XX. Pero esa es una historia que ya contaremos otro día.
Volvamos pues a Santa Ana. Su conservación debía dejar mucho que desear y tuvo que ser reparada a conciencia a finales del XIX. En 1880 sus cuentas señalan que debe ser reparada seriamente, “reconstrucción” es la palabra que se emplea. A ello se destinan para la compra de ladrillos y tejas 497 pesetas[3].
El impulso definitivo a su reparación y quién sabe si a la devoción que se le tiene, se dio con el milagroso hecho de que no hubiera ningún fallecido en Cañamaque durante la gran epidemia de cólera de 1885, y que queda relatada en otra entrada de este blog, Tampoco afectó ese mismo año el pedrisco que castigó, sin embargo, fuertemente la zona. En realidad, la única víctima mortal de aquel año 1885 fue la mujer del secretario, sobre la que cayó un rayo en la cuesta del ejido al tender la ropa. Hasta hace no mucho tiempo todavía podía verse una cruz de piedra en el lugar en que se desplomó, no lejos de donde hoy se encuentra el repetidor de televisión. Esa circunstancia queda reflejada en un manuscrito que, utilizado como discurso de acción de gracias[4] para leer ante el pueblo, dejó el alcalde de Cañamaque, D. Manuel Sánchez y en el que anima a la reparación de la ermita. Para ello fueron reutilizadas las piedras de la vieja ermita de San Antón, y se trasladó a la nueva ermita la imagen de este último santo. Las obras corrieron a cargo de Agustín Romero, albañil , del que seguiremos hablando en otra entrada, siendo reinaugurada en 1886.
En la espadaña de la ermita tenemos el famoso “campanillo” que se voltea el día de la Santa. Parece que se colocó posteriormente, más o menos en el año 1925. Se fundió en Palencia por Moisés Díez (1871-1929) famoso campanero de gran producción. Una de las campanas de la parroquia fue realizada ese mismo año también por él. La de Santa Ana está numerada como la 1940 de la serie A, representando la serie la versión o tipo dentro de las que elaboraba en su taller.
SU ORGANIZACIÓN
El libro de la ermita que ha llegado a nuestros días es el “libro de cuentas que se reciben a los mayordomos de la gloriosa Santa Ana del lugar de Cañamaque” que se inicia el 16 de Diciembre del año 1.765[5]
El primer mayordomo que consta en el mismo es Thomas Gallego, siendo cura Miguel de la Thorre. Hay en dicho libro una serie de registros esporádicos que continúan hasta el 2 de diciembre de 1844. Parece que desde entonces fue cayendo el libro poco a poco en desuso. Según el libro de cuentas antiguamente era el mayordomo saliente quien proponía al futuro[6] dando en su caso a continuación el cura su visto bueno, a diferencia de lo que hemos conocido durante buena parte del siglo XX en el que el mayordomo era nombrado por el alcalde el día de Pascua por período de un año.
LA TRADICIÓN DE LA FESTIVIDAD: FECHAS, NOVENA Y CÁNTICOS
Llama la atención que la fiesta de la Santa no se celebre el 26 de julio, como es habitual en otras localidades. Probablemente lo era así antiguamente pero se cambiaría al 5 de mayo porque en julio todo el mundo estaba en plena faena con la cosecha. Hay constancia testimonial de que ya se celebraba el 5 de mayo en los años 30 del siglo XX. Desde 1993 se celebra el primer sábado de mayo para facilitar la presencia de la gente y poder seguir sacando la imagen.
La tradición mandaba hacer una novena a Santa Ana en la iglesia llevando hasta allí en procesión su imagen desde la ermita nueve días antes de la fiesta, cosa que se ha estado haciendo hasta hace una década aproximadamente. Se trata de una talla singular pues consta de tres imágenes: la figura de la Virgen además de la de Santa Ana, que sostienen al niño. Las mujeres eran las encargadas de velarla, quedándose continuamente dos de ellas desde que se decía la novena diaria a las seis y media o siete de la mañana (tras lo cual los hombres salían a trabajar), hasta acabar el día. Durante la noche no se velaba. Finalizada la novena, el último día se devolvía la imagen a la ermita cantándose a la santa por parte de algunas jóvenes cantoras en lugares específicos del trayecto: 1-Al entrar en la iglesia, 2.- ante la pila, 3.- al pasar por el altar, 4.- ante la peana, 5.-al coger a la santa, 6.- ante la casa del mayordomo, 7.- en la plaza, 8.-en el exterior de la ermita, 9.- en el interior al colocar la imagen en su lugar, 10.- antes de comenzar el sermón, 11.- tras terminar el sermón, 12.- al finalizar la misa. Conocemos esos cantos de los años 1968, 1969 y 1970 por haber sido recogidos por escrito, pues ya no se hacen.
Después de la misa se cantan también los ”Gozos a Santa Ana”, una canción con repetitivo estribillo propia de esta población.
LA FIESTA HOY
Hoy en día no hay novena en la parroquia ni se saca la imagen de la ermita. La festividad se hace en un único día, el primer sábado de mayo como ya ha sido dicho, de la siguiente manera:
Inicia el párroco la ceremonia, sacándose inmediatamente la imagen (previamente colocada en las andas) a la parte exterior de la ermita, depositándola de cara a la población.
A continuación y desde tiempos recientes se hace recientemente, sese hace la bendición de los campos. Pero en realidad se trata de una festividad distinta que se llevaba a cabo el 3 de Mayo, día de la Cruz, y en la que se iba en procesión tras finalizar el rezo de la novena en la parroquia hasta un cerrillo detrás de Santa Ana coronado hoy por una pequeña cruz de hierro, que sustituyó a la anterior de madera.
El cura realiza la bendición de los campos en cuatro tiempos mirando a los cuatro puntos cardinales empezando por el este y finalizando por el norte.
A continuación, alguien anuncia con el siguiente verso la subasta para meter la imagen en la ermita:
Estos tres hermosos seres
En su trono colocar
Si alguno voluntad tiene
Limosna puede mandar
Normalmente el alcalde pregunta entonces si alguien quiere hacerlo iniciándose la subasta.. El significado semántico de “mandar”, ya en desuso en el castellano actual, es equivalente a“ofrecer”.
Una vez que la puja se ha adjudicado al que más “manda” se mete la imagen en la iglesia y se coloca en su lugar habitual tras el altar en una hornacina a la que se accede desde la sacristía situada en la parte trasera. (Algunas veces se deja en las andas hasta el final de la misa).
La lampara que pende del techo se coloca baja frente al altar y se enciende una vela que se deja hasta que se consuma (ahora hasta que se le acabe la pila)
Se celebra la misa y tras ella se cantan los Gozos.
Al finalizar la ceremonia se voltea alegremente el campanillo mientras los asistentes departen en el exterior de la ermita.
Ese mismo día a la tarde se celebra en el bar una subasta de aquello donado por los fieles para la ocasión, normalmente alimentos como tortas, galletas, huevos o licores. Al concluir se anuncia la recaudación final (entrada de la imagen más remate de la tarde) que se utilizará exclusivamente para el mantenimiento de la ermita. Esta subasta de Santa Ana es en la que más se recauda entre todas las realizadas en diversas festividades.
[1] Archivo Diocesano de Osma. Libro de cuentas de la parroquia de San Juan Bautista del lugar de Cañamaque .Rf. 107/14
[2] Archivo Diocesano de Osma. Libro de cuentas de la parroquia de San Juan Bautista del lugar de Cañamaque .Rf. 107/15
[3] “Cantidades que entregan los deudores de Santa Ana con objeto de la compra de teja y ladrillo para la reedificación de la misma”
Benito Martínez Sánchez 48 pts
Tomas Martínez 24 pts
Inocencio Remírez 24 pts
Valeriano Martínez 16 pts
Manuel Martínez 16 pts
Víctor Ruiz 40 pts
Anacleto Ramírez y Ponciano Martínez 24’22 pts
Manuel Perdices 9’54 pts
Evaristo Sanz 4’37 pts
Maria Egido 75’35 pts
Florentino Gallego 75’35 pts
Román Bravo y Bernardo Peña 12’24 pts
Cañamaque 9 de mayo de 1880
El párroco José Heras
El alcalde Francisco Martínez
[4] Propiedad de D. Jesús y Esther Muñoz.
[5] Archivo Diocesano de Osma. Libro de cuentas que se reciben a los mayordomos de la gloriosa Santa Ana del lugar de Cañamaque (1765-1947).Rf. 107/16. Hay también un documento en manos de particulares en el que se hace un recuento del caudal de Santa Ana en el año 1.794,
[6] El primer mayordomo, Thomas Gallego nombra a Juan Sabroso como sucesor y señala que el alcance es de 560 rs