Quien más y mejor ha estudiado la epidemia de cólera de finales del siglo XIX en la provincia, y más concretamente en los pueblos de la zona, es el profesor Antonio Ruíz, natural de Monteagudo de las Vicarías. A él se deben los resultados de la investigación que resumimos a continuación en términos generales. Quien quiera más datos puede leer en la revista Celtiberia sus magníficos y exhaustivos trabajos.
Fue una tremenda epidemia que afectó a gran parte de Europa y que devastó los pueblos de la comarca. Todos menos uno. A modo de aldea aislada milagrosamente, Cañamaque quedó a salvo de la enfermedad. Mientras vecinos y vecinas de pueblos colindantes sucumbían por centenares, Cañamaque fue una isla en la que nadie resultó afectado. Ni un solo contagio.
La epidemia de cólera llegó de Francia y el levante español donde en 1884 hubo algunos brotes. No era la primera vez. Ya hubo epidemias en 1833-34, 1854-55 y 1864-65. Pero la virulencia que alcanzó la El invierno de 1885 fue muy frío y lluvioso lo que hizo que se pensara que el problema había desaparecido. Sin embargo, todo estaba por llegar. El mal entró a Soria desde el sudeste y en concreto el primer caso de la provincia se dio en Monteagudo el 1 de julio de 1885. Tradicionalmente la cosecha solía estar más adelantada en Aragón por razones climáticas y mucha gente aprovechaba para cruzar la raya de Aragón a trabajar. Un segador de la localidad de 30 años llamado Julián Santamaría Las Sayas regresó a su casa desde Calatorao, donde estaba trabajando, al sentirse enfermo.
Llega ya con diarrea y la junta de sanidad de la localidad decide que se quemen sus ropas, se desinfecte y aísle su casa. Ordenan a las personas que le ayudaron que salgan seis días del pueblo.
En unos días el hombre fallece. Pero van pasando los días sin que haya más muertes. El viernes 17 de julio el médico de Monteagudo, Manuel Alonso Maza, natural de Almaluez y de 65 años de edad, impulsor histórico del pantano, debe salir a Pozuel para girar visita por una urgencia. Esa tarde se produce una torrencial tormenta. Aunque intenta regresar a su domicilio no puede cruzar el río Nágima hasta las dos de la madrugada del día siguiente, sábado 18. Al llegar a Monteagudo el panorama es aterrador: se encuentra con 54 muertos por cólera.
Es la explosión de la enfermedad, que va a extenderse rápidamente, probablemente por contaminación de la fuente. En Monteagudo no desaparecerá la enfermedad hasta el 26 de agosto. En ese período de apenas mes y medio fallecerán en el pueblo 286 personas (129 hombres y 157 mujeres) de un total de 425 infectados. Entre ellos el joven sacerdote de la localidad de 30 años, natural de Pozalmuro. Consideremos que Monteagudo tenía 825 habitantes en ese momento. Fallece por tanto más de un tercio de sus vecinos.
Podemos imaginar las terribles escenas con síntomas que comienzan con vómitos y diarreas lo que provoca una continua perdida de líquidos, ello entre calambres y convulsiones. Las heces, especialmente contaminantes, son muy difíciles de eliminar. A los enterramientos únicamente acuden el número mínimo de enterradores necesarios.
En la provincia de Soria de las 3079 personas infectados fallecieron 1079 y duró hasta el 27 de octubre. Pero sin duda la zona más dañada es la de las Vicarias. El 21 de julio ya está infectado Maján (serían 26 fallecidos, 7’93% de la población), el día 24 Fuentelmonge (6’89% fallecidos), el 31 Torlengua (fallece el 11’69% del vecindario). En Valtueña mueren 34 personas de un total de 310 habitantes.
De cada 100 fallecidos en Soria, el 43’2 % son de los pueblos citados. El 56’5 lo son del Partido de Almazán.
A Cañamaque, increíblemente, el cólera no llegó a pesar de que los pueblos que lo circundan resultaron en todos los casos afectados, incluido Serón que perdió el 3’26% de su población.
No es de extrañar que, así las cosas, el pueblo decidiera restaurar la ermita de Santa Ana que se encontraba en pésimas condiciones. Pero esa es otra historia.