“Todos los caminos llevan a Roma”, reza la conocida sentencia.
Suele ser común que a los naturales de muchas localidades se les denomine por sus vecinos de pueblos cercanos con apelativos que, normalmente, hacen referencia a alguna característica del mismo. Así, a nuestros vecinos de Valtueña se les conocía por el sobrenombre de “ratoneros”. La razón no era otra que la gran producción de azafrán[1] de excelente calidad. De hecho, fueron galardonados en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y en la de París de 1900. Como los ratoncitos de campo suelen abundar en los lugares donde se da ese cultivo, cavando galerías para comer las “cebollas” del azafrán y haciendo su guarida en ellas en medio de los campos sembrados, nuestros vecinos fueron bautizados de esa manera.
Pues bien, aunque en desuso hace ya mucho tiempo, el apelativo que se les daba a los de Cañamaque era “Romanos”. De hecho, cuando se hizo el puente sobre el río en Carravaltueña, vi personalmente cómo una persona, ya de cierta edad, escribió “Roma” en el cemento fresco a modo de bienvenida a Cañamaque. Quizá todavía pueda encontrarse la inscripción.
Y en la vecina Fuentelmonge, se canta una copla[2] que dice así:
Vente conmigo a Roma
Pom pom
Y verás romanos
Que la cinta de tu pelo
Cuatro chavos me ha costado
Seguramente, aunque ya no lo recuerden, la Roma a la que se refieren es en realidad Cañamaque.
Las razones del apelativo me son desconocidas, tanto como lo eran para mis informantes. Quizá algún día nos encontremos con una sorpresa histórica o puede ser que fuera algo más prosaico.
Del nombre de Cañamaque
Tampoco es que el origen semántico de la palabra “Cañamaque” esté muy claro. Paso a relatar lo que se ha apuntado sobre el tema hasta hoy.
Por una parte, en un trabajo titulado “Topónimos en apellidos hispanos” de 1967, Grace de Jesús Álvarez[3] apuntó a una teoría que no comparto en absoluto por enrevesada. Lo consideraba como voz aumentativa de la voz castellana cáñama derivada del latín tardío canaba: “tienda, barraca de soldados, bodega, despensa”. Según ella el topónimo cáñama significa “el orden y unión de los pecheros incluidos en los repartimientos de tributos o la contribución que se les fija”. Señala, siguiendo al diccionario de la RAE, que la expresión casa cáñama era sinónimo de casa dezmera o excusada, esto es, la del vecino hacendado donde se percibían los diezmos. Incluso llega a citar un proverbio:” En buena cáñama cae”.
Su trabajo fue duramente criticado por prestigiosos profesores, entre otros, René Pellen o Peter Boyd-Bowman. Este último no se anda con rodeos, y sentencia “ya es malo que alguien se empeñe en llevar a cabo una labor para la que no está preparado, pero es inexcusable que el predecible desastroso resultado haya llegado a publicarse”[4].
En un momento determinado me pregunté si quizá la palabra pudiera tener un origen árabe. Mi peregrina idea partía de que muchos de los sustantivos castellanos que comparten la terminación “-aque” tienen un origén árabe. Por poner sólo unos ejemplos: cifaque (ṣifāq), zaque (záqq), jaque (šáqq), azulaque (assuláqa), jadraque (šaḍrat), aguajaque (alwuššáq).
He de confesar que mis indagaciones no dieron resultado positivo alguno, pero no me resisto a contar una anécdota. Un buen amigo, guasón él, y con gran conocimiento del idioma y de familia arabo-parlante, me dijo: chico, no me suena a nada, salvo a una cosa, كان يا ماكان. Y a continuación se echó a reír.
La chanza de mi amigo me arrancó una sonrisa porque كان يا ماكان se transcribe en grafía latina “Kan ya makan”, que pronunciado rápidamente suena casi como “Cañámaquen”. Y esa es la fórmula que se utiliza para iniciar un cuento. Es el clásico “érase una vez …” en idioma árabe.
Así que ahora ya sabemos que estar en Cañamaque es vivir en un pueblo de cuento, lo cual está muy bien.
Descartado esto, vamos con la siguiente posibilidad. Mucha agente apunta a que debemos buscar el origen en la palabra “cáñamo”. No es nada descabellado, pues el cultivo de cáñamo se ha dado en Cañamaque durante siglos. Ya en el siglo XVIII lo señalaba así el académico Loperráez en su monumental obra “Descripción Histórica del Obispado de Osma”, describiendo la producción de las Vicarías en contraste con el resto del Arciprestazgo de Gómara como rica en “vino, azafrán, garbanzos, cáñamo, y mucha aluvia”.[5]
El cáñamo se ha cultivado y trabajado[6] en Cañamaque para producir textiles al menos hasta mediados del siglo XX. Ha sido desde tiempo inmemorial una fibra absolutamente necesaria y muy preciada, y en consecuencia valiosa, para hacer cuerdas, vestidos, sacos, guarnicionería, o incluso velas y papel. Sería, por lo tanto, imprudente descartar esta posibilidad.
Ahora bien, vamos con la explicación que, hoy por hoy, considero más acertada, aunque no será del gusto de todos. Y la considero más acertada porque es la única referencia específica que tenemos más allá de especulaciones filológicas. La palabra “Cañamaque”, con su significado preciso, fue recogida por el profesor Gervasio Manrique Hernández en el segundo cuaderno de su Vocabulario Popular de la Provincia de Soria, publicado en el tomo XXI de la “Revista de Dialectología y Tradiciones Populares” en enero del año 1965.
El término “cañamaque” fue recogido en concreto en la localidad de Coscurita como vocablo de género masculino con el significado de “Planta herbácea viciosa en los trigales”.
Hace años me acerqué a Coscurita, población no muy lejana situada en la llanura a la vera del camino entre Morón y Almazán pero para entonces parece que nadie recordaba allí el uso de esta palabra. Sin embargo, es indudablemente una pista importante acerca de su significado. En mi opinión el más plausible de todos.
¿A qué planta viciosa podría estar refiriéndose el informante de Gervasio Manrique? ¿Podría ser al propio cáñamo? No es descartable. El cáñamo es efectivamente una planta herbácea y tiene un rápido crecimiento y aunque no está acreditada como planta viciosa podría crecer entre el cereal fruto de semillas de viejas plantaciones
Pero también pudiera tratarse de una mala hierba de aspecto similar al cáñamo, aunque diferente.
O quizá podría ser un término general utilizado para designar las malas hierbas que crecen espontáneamente en los campos de cereal. Hoy ya será difícil saberlo a no ser que en un golpe de suerte encontremos alguna nueva referencia.
Si alguno de Coscurita lee esto, no sería malo que volviera a preguntar. 🙂
El apellido Cañamaque
Pero más allá de la toponimia, “Cañamaque” es también un apellido. A fecha uno de enero de 2020, eran 213 personas quienes lo tenían como primer apellido y 199 más como segundo.
Sin embargo, sorprendentemente, no he encontrado nunca ninguna persona residente en el municipio, a pesar de llegar a investigar incluso algunos censos del siglo XVI. Tampoco es que fuera abundante en el resto de la provincia de Soria. ¿Quiere esto decir que nunca hubo nadie apellidado «Cañamaque» entre sus vecinos y vecinas? No me atrevo a decir tanto. La memoria es a menudo corta y traicionera. Recuerdo el día en que llegó hasta el ejido una persona procedente de Argentina preguntando por algún posible pariente apellidado «Cestero», pues su familia procedía de Cañamaque. Rápidamente le dijeron que allí nunca había habido nadie con ese apellido. Y, sin embargo, es cierto que lo hubo. Muchos en el siglo XIX y alguno a principios del XX. Pero aquella pobre argentina se fue de vuelta pensando que se debía haber equivocado.
La primera referencia conocida al apellido Cañamaque es del 1 de octubre de 1486 y aparece en un treudo[7] perpetuo por el que capítulo de Santa María la Mayor de Calatayud concede a un tal Juan de Cañamaque una pieza de tierra de cinco fanegadas situada en Cascagares, término de Calatayud, por un censo anual de 5 fanegas de trigo, décima y primicia.
Otro Juan de Cañamaque, residente en Almazán, es mencionado en un pleito por injurias en 1619. Y un tal Pedro de Cañamaque, vecino de Soria, consta en otro pleito litigado en la Chancillería de Valladolid en 1627. En 1620, Bartolomé de Cañamaque es párroco de la iglesia de Santo Tomás en Covarrubias (Burgos) y así mismo patrón del arca y pósito de las Indias.
La siguiente referencia temporal es la más próxima geográficamente. En efecto, se trata de la de uno de los cinco capellanes que además del cura hay en Fuentelmonge en el año 1657. Es la única mención que he encontrado hasta ahora acerca de una persona con el apellido Cañamaque en las Vicarías. Se llamaba licenciado Juan de Cañamaque, tenía 63 años y era natural del propio Fuentelmonge[8].
Siendo estos primeros registros referidos a lugares no excesivamente alejados de Cañamaque, no sería disparatado pensar que el apellido tuviera origen en el topónimo.
¿Dónde viven hoy las personas apellidadas Cañamaque? No las hay en la provincia de Soria o en Zaragoza. Curiosamente es la provincia de Cádiz la que se lleva la palma. Nada menos que 185 personas. Son concretamente los municipios de Ubrique y Puerto Real, los que destacan. Sigue luego a distancia Madrid, imán migratorio, (63), seguidos por Málaga (36), Baleares (24) y Sevilla (12) así como alguno en Toledo, Bizkaia, Gipuzkoa y Barcelona.
No es de extrañar pues que las dos personas más famosas con dicho apellido fueran andaluces. Por una parte, el periodista, político, escritor e historiador Francisco Cañamaque Jiménez (1851-1891), natural de Gaucín (Málaga), quien entre otros muchos escritos escribió abundantemente sobre Filipinas. Y también Manuel López Cañamaque, conocido popularmente como “Cañamaque”. Durante varios años simultaneó los conciertos por los bares con las creaciones carnavalescas. Todo un referente como fecundo autor de coplas de los carnavales de Cádiz. Él es la razón del nombre del coro «Los Cañamaque», que se llevó el segundo premio del carnaval en 2009.
Cañamaque y el carnaval de Cádiz. ¡Quién nos lo iba a decir!
[1] En Cañamaque también hubo una importante producción en su momento.
[2] En el volumen 3 (número 196) del Cancionero Popular Soriano de la DPS se recoge una grabación hecha a Maria Antonia Palacios Martínez el 20 de julio de 2016 en Serón de Nágima.
[3] De Jesús Alvarez, Grace. Topónimos en apellidos hispanos. Estudios de Hispanófila 7. Adelphi University (NY). Editorial Castalia. Madrid 1968.
[4] Boyd-Bowman, Peter. Hispanic Review.vol.39 nº1. p.83. University.of Pennsylvania Press. January 1971
[5] Loperráez Corvalán, Juan. Descripción Histórica del Obispado de Osma. Tomo II. p.6. Imprenta Real. Madrid 1788
[6] Probablemente la última persona en trabajarlo fue el tejero.
[7] El treudo es el nombre que recibía en Aragón el censo enfitéutico. La enfiteusis es en este caso un arrendamiento vitalicio, del dominio útil de una finca, cuyo canon anual paga el enfiteuta, unas veces en dinero y otras en frutos.
[8] Biblioteca Nacional Ms 6896 f46vº. Transcrito en Soladana, Venancio. El venerable D. Juán de Palafox y Mendoza, Obispo de Osma (1654-1659). Caja de Ahorros y Prestamos Prov. Soria. Soria 1982. p.168
Muy interesante, es mi apellido y en la comunidad de Castilla La Mancha en la actualidad ya sólo somos tres, yo como primer apellido y mis 2 hijos como Segundo, puesto que soy una mujer.
Según sé, mi abuelo solo tuvo una hermana sin descendencia, pero mi abuelo fusilado en la guerra tuvo 9 hijos, repartidos en Madrid, Valencia y Toledo.
Cañamaque es mi apellido y lo llevo con muchísimo orgullo, de echo se me conoce más por mi apellido que por mi nombre.
Gracias por acercarme más a mi apellido
Me alegro de que te haya servido y de que estés orgullosa de tu apellido. Ya sólo te falta conocer un día el pueblo 🙂