Empecemos este blog tomando altura. Desde los olifaces.

Llamamos olifaces, aunque cada vez menos, a, la explanada que se encuentra delante de la entrada de la Iglesia de Cañamaque. En ellos hay algunos árboles y una piedra sobre la que se encuentra una cruz. El nombrecito se las trae, en eso estaremos de acuerdo. Pero como veréis, tiene lógica, si conseguimos dar con los cambios fonéticos que se han producido a través de los siglos. Olifaces viene de Alifaces, que es una mutación de la palabra Alizaces, la cual en aragonés significaba «zanjas para los cimientos de un edificio», vocablo que está tomado directamente del original árabe «al-izar». La iglesia de San Juan Bautista descansa en un extremo del cerro y fue necesario asegurar su construcción por medio de unos cimientos consolidados con un lienzo de piedra que rodea toda su fachada sur. Ese muro de piedra es el que sostiene la iglesia y forma parte de los alizaces. Así que es normal que aquellas generaciones que lo construyeron denominaran a la explanada de dicha manera. Con el paso del tiempo, ya nadie sabía lo que significaba ni por qué lo llamaban así y acabó convirtiéndose en Olifaces.

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