El ÚLTIMO LOBO (por ahora)

Los días 18 y 19 de agosto de 1886 los periódicos, “La correspondencia de España” y “El Siglo Futuro” respectivamente, se hacían eco de un suceso ocurrido días antes en Cañamaque. Un relato que me fue corroborado por alguien cuyo abuelo había sido testigo.

Ese mismo mes de agosto, Un vecino de 67 años estaba trabajando en el monte cuando se le apareció un pequeño lobatillo. Como eliminar alimañas era recompensado por las autoridades, lo recogió e introdujo en su alforja sin dilación para presentarlo a las autoridades municipales, pues eliminar alimañas del monte era recompensado. Al poco tiempo, otro más salió a su paso e hizo lo mismo con él a pesar del riesgo, pues no andaría lejos algún ejemplar adulto.

Y efectivamente, así fue. Pronto apareció la madre de ambos lobatos, que acometió al vecino. Este la alejó a pedradas e inició rápidamente el camino hacia el pueblo, seguido por la loba que continuaba atacándole cuanto podía. Así continuaron un buen rato hasta que se hubo acercado a las inmediaciones de la ermita de Santa Ana situada, como es conocido, a las afueras del pueblo, donde a gritos comenzó a pedir ayuda. Acudieron a él un grupo de chicos que estaban en el lugar y comenzaron a lanzar pedradas a su vez contra la loba que acabó dándose por vencida y regresó al monte.

Casualmente ese mismo año 1886 fue publicado el libro “El Obispado de Sigüenza. Nomenclátor descriptivo, geográfico y estadístico de todos los pueblos del mismo”, cuyo autor, el presbítero Joaquín Yarza señalaba en el epígrafe referente a Alentisque que “sus sierras y sus montes de carrasca y roble, son buenos criaderos de perdices, liebres, conejos y lobos”.

En cualquier caso, la abundancia de estos últimos debía estar en declive, pues es la última ocasión en que se tiene constancia escrita de la aparición de lobos en Cañamaque. Por ahora.

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